Camino a la oficina

Camino a la oficina

Despierto. Reviso el clima. Elijo qué ponerme para el día. Me gusta ese vestido pero está muy corto. Mejor el otro pero tiene escote. Mejor el que no está tan corto y es ligero porque hace calor. Salgo de casa. El señor que vende barbacoa afuera de mi edificio me ve las piernas mientras me desea los buenos días. No contesto. Sigo caminando. El godínez que va hacia su oficina me ve de arriba abajo mientras me sonríe. Entro al metro. La señora que viene subiendo las escaleras me ve las piernas y hace un gesto. Me subo al vagón de las mujeres. Me quedo de pie porque no hay lugar. Las mujeres sentadas me observan de arriba a abajo. Me siento. Saco mi libro. Empiezo a leer. Se abre la puerta del metro. Se sube un señor. Se sienta frente a mí. Me ve y sonríe. No respondo. Sigo leyendo. Noto que el señor ve mis piernas. Me incomodo. Nota que lo noto. No le importa. Sigue viendo fijamente a mis rodillas, como esperando a que se abran. Me acomodo y cierro más las piernas. Sigo leyendo. La señora que va al lado del señor se da cuenta de eso. No dice nada. Hace un gesto. Sigo leyendo. El vagón se abre. El señor se baja. Continúo en el metro. Se abre la puerta. Me bajo del metro. El policía voltea la cara cuando me ve pasar. Le hace un comentario a su compañero policía. Sigo caminando. Subo las escaleras. Detengo mi vestido con mis dos manos. Evito que se suba. Voy cuidando que no se me vean los calzones. Sigo subiendo. Voy vigilando que no haya nadie abajo de los escalones intentando mirar debajo de mi vestido. Volteo hacia atrás. Reviso mi distancia con la gente atrás y adelante. Sigo caminando. Un señor me sonríe. No respondo. Una mujer revisa mi atuendo de pies a cabeza. Sigo derecho. Me formo para subir al camión. Cuido no levantar mucho las piernas porque observo al chofer esperando ese momento. El chofer dice que las niñas de vestido no pagan. Le pago. Me hace cara. Me siento. Un señor me observa desde que sube al camión. Se sienta a mi lado y me sonríe. Lo ignoro. Otro señor se queda de pie frente a mí. Me incomoda. Lo nota. No le importa. No se mueve. Lo ignoro. Me levanto en mi parada. El señor a mi lado me ve las nalgas. Lo ignoro. Me bajo del camión. Cruzo la calle. El policía me da los buenos días alegremente. La mujer policía no me saluda. Me hace cara. Le hace un comentario a su compañero policía. Continúo caminando. Me topo a un señor de frente. “Qué piernotas”, dice”. “Viejo puerco”, contesto. Se espanta. Se ríe. Sigo caminando. Me topó con el camión de basura. Tres hombres abajo. Me cruzo la calle. Los tres me ven. Los tres se ríen. Los tres me gritan “piropos”. No contesto. “Tan bonita y tan payasa”, rematan. Sigo caminando. Toco el portón para entrar a mi oficina. El guardia abre. “Qué guapa”, dice. Sonrío por cortesía. Firmo mi llegada. Cierro el portón.

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